Antes de publicar una reseña conviene dejar por escrito los criterios. No es burocracia: es lo que permite que dos lectores discutan sobre lo mismo y no sobre supuestos distintos. Estas son las reglas que aplico en el catálogo y las excepciones que reconozco.
Reseñas firmadas, no anónimas
Cada ficha lleva nombre y fecha. Si un texto se corrige después de publicarse, queda la nota al pie con la fecha de la corrección. No uso seudónimos ni entradas colectivas, porque la crítica sin responsable se vuelve opinión suelta.
Sin spoilers, pero sin esconder el argumento
Describo la situación inicial, el tono y el tipo de conflicto. No revelo desenlaces ni giros que sostienen la lectura. Cuando una advertencia de contenido es necesaria, la marco antes del párrafo y el lector decide si sigue.
Comparativas entre ediciones: qué se compara y qué no
Comparo traducciones, prólogos, notas y aparato crítico. No comparo precios ni disponibilidad, porque cambian demasiado rápido. Cuando una edición está descatalogada, lo digo y señalo la alternativa más cercana en circulación.
Nivel de dificultad: una escala, no una etiqueta
Indico ritmo de lectura, densidad de vocabulario y si exige contexto previo. Un ensayo puede ser breve y difícil, o extenso y accesible. La etiqueta sola engaña, así que acompaño siempre con una frase que explique por qué.
Enlaces a librerías independientes
Los enlaces apuntan a librerías que conozco y que mantienen catálogo propio. No cobro por aparecer ni por recomendar. Si un título solo se consigue en grandes plataformas, lo menciono como último recurso, no como primera opción.
Comentarios moderados con criterio
Los comentarios se publican si aportan lectura, no si atacan a quien escribe. Rechazo descalificaciones sin argumento y también elogios vacíos. Una discrepancia bien explicada vale más que diez frases de acuerdo.
Si algo de esto no encaja con lo que buscas en una guía de lectura, escríbeme y lo revisamos. Las reglas se ajustan cuando aparece un caso que no había previsto.